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Dieta vegana y enfermedades de gran prevalencia

  • Foto del escritor: Mar Ampuero
    Mar Ampuero
  • 14 nov 2023
  • 5 Min. de lectura



Diversos estudios científicos sugieren que una dieta vegana bien equilibrada puede estar asociada con niveles más bajos de colesterol, presión arterial y riesgo de diabetes tipo 2. Además, se ha observado que el consumo abundante de alimentos vegetales ricos en antioxidantes y nutrientes esenciales puede tener efectos positivos en la función cardiovascular y el sistema inmunológico.

En este artículo examinaremos las evidencias científicas que respaldan los beneficios potenciales de la dieta vegana y vegetariana en la reducción de la prevalencia de enfermedades importantes.


Enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en los países desarrollados y también lo están empezando a ser en los países en desarrollo

Existen diferentes estudios que aseguran que los vegetarianos padecen menos enfermedades cardiovasculares que los omnívoros. Una revisión de 5 estudios publicado en el Diario Americano de Nutrición Clínica afirma que el riesgo de morir por una enfermedad cardíaca es un 24% inferior en los vegetarianos. Este riesgo menor fue observado tanto en ovolacto-vegetarianos como en veganos. 

Por otra parte, en las dietas vegetarianas y veganas existe un mayor consumo de fibra, de cereales integrales, de frutos secos, de soja y sus derivados que tienen alto contenido de esteroles vegetales, estos alimentos logran una reducción de la absorción del colesterol y una disminución del LDL (el colesterol malo).


Hipertensión

Existen diversos estudios que han demostrado una menor incidencia de hipertensión en vegetarianos y una incidencia aún menor en veganos. El estudio de Appleby, Davey y Key encontró que los valores mayores de presión arterial podían ser explicados por el valor mayor del IMC (índice de masa corporal) de los sujetos y no por la dieta. En cambio, otros estudios relacionan la cooperación de determinados micronutrientes como el magnesio, potasio y los antioxidantes presentes en los vegetales y las frutas que en su conjunto podrían favorecer una menor presión sanguínea.

Paralelamente en el estudio DASH (Dietary Approach to Stop Hypertension) que fue realizado en 459 sujetos con hipertensión y que no estaban medicados se afirma que la ingesta de fruta y verdura es la causa de aproximadamente la mitad del descenso de la presión sanguínea reportado en el estudio.

También ADA (actual Eath Right –Academy of Nutrition and Dietetics) afirma que el consumo de entre 5 a 10 raciones de fruta y verdura diarias reduce significativamente la presión sanguínea. 


Obesidad

La obesidad tiene muchos efectos dañinos sobre el metabolismo. La prevalencia de la obesidad en la población vegetariana es menor que en la omnívora (existen muchas evidencias, como por ejemplo la de Key, 1996.). Los resultados del Oxford Vegetarian Study indican que los IMC -en general más bajos- de las personas vegetarianas se debe al menor consumo de grasas animales y al mayor consumo de fibra.


Diabetes

Según las estimaciones publicadas por la OMS en el Informe Mundial sobre la Diabetes del año 2016, 422 millones de adultos en el año 2014 tenían diabetes, frente a los 108 millones de 1980; ello supone un incremento del 390,74%. La prevalencia de la diabetes prácticamente se ha duplicado, pasando del 4,7% al 8,5% de la población adulta; ello supone también un incremento en factores de riesgo asociados como el sobrepeso o la obesidad.

Ya existen estudios como el de Marsh y Brand-Miller que sugieren que las dietas vegetarianas pueden aportar beneficios preventivos a sujetos con riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Otros estudios como el estudio Women’s Health Study observan que la ingesta de carne roja y de carne procesada incrementa el riesgo significativo para padecer diabetes. Paralelamente, el estudio Nurses Health Study afirma que el consumo de frutos secos tiene una relación inversa con el riesgo de diabetes tipo 2; siempre, tras combinar el IMC, la actividad física y otros factores.

Otro estudio asocia el consumo de verduras de hoja verde y fruta con un menor riesgo de diabetes.

Además en un ensayo con una duración de 5 meses, se comprobó que una dieta vegana baja en grasa mejoró considerablemente el control glucémico en diabéticos tipo 2; logrando incluso que un 43% de los pacientes redujera su medicación para la diabetes.


Cáncer

Existe consenso acerca de que el consumo de carne roja aumenta el riesgo de cáncer de colon y colorectal. Según el informe del WCRF, las frutas y verduras son protectoras frente al cáncer de pulmón, boca, esófago y estómago y, en menor medida, frente a otros tipos de cáncer. Las frutas y las verduras contienen una compleja mezcla de fitoquímicos (compuestos producidos por plantas) con una potente actividad antioxidante, antiproliferativa y protectora frente al cáncer. El estudio EPIC sobre ancianos las ha asociado con una menor incidencia de mortalidad. Por otro lado, se ha hallado que las isoflavonas de soja y los productos de soja poseen propiedades anticancerígenas (ADA, 2009), aunque persiste cierta controversia en los casos de cáncer de mama, para los que no todas las investigaciones lo confirman. Aunque las tasas de cánceres en la población vegetariana son moderadamente más bajas que en la no vegetariana en las mismas comunidades, los datos sobre cánceres específicos no son concluyentes aún. Para reforzar la evidencia existente, se ha sugerido realizar estudios que distingan la asociación de distintas categorías de alimentos (por ejemplo, se ha planteado que una elevada ingesta de productos lácteos podría disminuir, para el caso del cáncer de próstata, el efecto quimioprotector de la dieta vegetariana), así como recoger datos más detallados sobre la biodisponibilidad de los fitoquímicos o los modos de preparación de las comidas.


Osteoporosis

Esta patología afecta al 20% de mujeres de 65 años y a un 6% de los hombres. Su prevalencia aumenta con la edad y junto con el incremento de la esperanza de vida de la población nos lleva a una previsión del incremento en el número de afectados.

En el estudio de Gullberg, Johnell y Kanis se observa que las proyecciones para el año 2050 muestran un incremento de la incidencia mundial de la fractura de cadera; concretamente un incremento en mujeres de un 240% y un 310% en hombres. El número de fracturas de cadera en todo el mundo aumentará de 1,66 millones en 1990 a 6,26 millones en 2050.

Diferentes estudios indican que no existen grandes diferencias en la densidad mineral ósea (DMO) entre personas omnívoras y ovo-lacto-vegetarianas.

En cuanto a los veganos, existen pocos datos; si bien hay estudios que reportan que la densidad mineral ósea es inferior a la de los no vegetarianos. Cabe mencionar que estos estudios fueron realizados en mujeres asiáticas veganas con una ingesta muy pobre de proteínas y calcio.

En el estudio EPIC-Oxford se aprecia que el riesgo de fractura es similar entre vegetarianos y omnívoros. El mayor riesgo de fractura de los veganos parece estar asociado con una ingesta menor de calcio. Sin embargo, no se aprecian diferencias entre las tasas de fracturas de personas veganas que ingerían más de 525mg diarios de calcio con las tasas de fracturas de omnívoros. El consumo de frutas y verduras tienen un efecto positivo sobre el calcio y sobre los marcadores del metabolismo óseo. También existen estudios que establecen una relación inversa entre la ingesta de vitamina K (y vegetales de hoja verde) y el riesgo de fractura de cadera.

En otro estudio se observa que las isoflavonas, presentes en la proteína de la soja, reducen la pérdida ósea en la columna vertebral de mujeres posmenopáusicas.


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